A veces, es todo un reto explicar exactamente en qué consiste mi trabajo. Aunque en realidad podría ser tan sencillo como decir que trabajo de coordinadora de campo en un proyecto de conservación de tortugas marinas. Queda muy profesional, pero esa respuesta no resuelve las dudas de la gente que suele preguntarme, pues en la mayoría de las mentes que no están familiarizadas con este tipo de trabajos, cuido tortugas. Y no, no cuido tortugas. ¿O sí?
Trabajo en conservación de tortugas marinas. Sí, ese típico trabajo que, cuando lo cuentas, todo el mundo se asombra y dice que qué bonito. Y sí, por supuesto que es bonito. Para mí, el más bonito del mundo. Pero mi trabajo es mucho más que un trabajo. Mi trabajo es un sueño, un estilo de vida, un reto, una convicción, una pasión.
Mi trabajo es trasnochar muchos días, madrugar muchos otros, y, a veces, ambas cosas a la vez. Caminar, caminar y caminar. Caminar de noche, caminar de madrugada, caminar algunas tardes. Caminar bajo el ardiente sol, caminar bajo la lluvia, caminar durante una tormenta eléctrica, a veces correr. Caminar mojada, con frío, caminar sudando, muerta de calor. Caminar con dolor de pies, con ampollas, caminar cuando te pesan las piernas, y cuando te duelen las rodillas. Caminar con una nube de chitra tratando de llegar a tu tracto digestivo por tu via respiratoria, o con decenas de mosquitos queriendo dejarte sin sangre en el cuerpo. Caminar con sueño, caminar con hambre, caminar con miedo a veces.
Pero también es caminar bajo un cielo lleno de estrellas, caminar pidiendo deseos a decenas de estrellas fugaces, caminar junto al sonido del mar, caminar rodeada de animales, a los que muchas veces ni ves, pero casi siempre oyes. Caminar al lado de personas increíbles, caminar feliz. Caminar entre risas, caídas y golpes. Caminar entre juegos, canciones y chismes. Caminar emocionada, caminar pensativa, caminar atenta, caminar distraída. Caminar despacio y caminar rápido. Caminar tratando de evitar que el mar moje tus pies, la mayoría de las veces sin éxito.
Caminar hasta llegar a conocer la playa con los ojos cerrados. Saber en que kilómetro te encuentras por la forma de la vegetación, o por un olor concreto.
Mi trabajo es hacer horarios de patrullas, de censos, de monitoreo de vivero, de exhumaciones de nidos, de limpieza de estación y de equipo, y de tareas varias que la estación requiere. Entrenar al equipo de asistentes de investigación, por lo general dos veces durante la temporada, para que lleven a cabo un trabajo de campo excelente, supervisar el trabajo del equipo, tanto monitores como asistentes. Controlar que en los viveros se lleve a cabo un trabajo minucioso, y estar atenta a todos los cuidados que éstos necesiten. Asegurar una correcta manipulación de las crías de tortuga, y que lleguen sanas y salvas al mar. Verificar que todos los datos recolectados sean correctos, y pasarlos a la base de datos.
Es atender a los voluntarios que llegan durante la temporada. Darles charlas educativas sobre las tortugas marinas, el proyecto, y el trabajo que llevamos a cabo en la estación. Entrenarlos para que puedan participar en todas las actividades de la estación y el trabajo de campo. Organizar actividades para ellos, limpiezas de playa, paseos en el bote para conocer los canales, elaboración de carteles para la estación…
Recibir a los guardaparques, la policia ambiental y las autoridades cuando vienen a apoyarnos en la seguridad de la playa. Instruirles sobre las normas del proyecto y establecer horarios con ellos que se acomoden a los nuestros. Participar en actividades de educación ambiental que tienen lugar en la estación con diferentes entidades, escuelas y universidades.
Asegurarme de que haya comida y agua suficiente para toda la semana, que cada vez que cambia la cantidad de gente en la estación, todo el mundo tenga un lugar donde dormir y tenga un juego de sábanas limpias y una almohada. Verificar que haya agua en los tanques, que el muelle no resbale, que las instalaciones estén en buen estado, y si no lo están, organizar al equipo para que se arreglen, asegurarándome de que haya material y herramientas sufcientes para dicho trabajo.
Y por supuesto, formar parte de todas las actividades anteriormente mencionadas.
También me preocupo de que, tanto asistentes, como monitores, como voluntarios, como cocinera, estén bien, se encuentren bien y se sientan bien con todo. Les escucho y converso con ellos. Y si alguien tiene algún problema, trato de solucionarlo. Y si existe alguna emergencia, la gestiono lo más rápido posible.
Aquí dentro, en la estación, soy coordinadora, soy investigadora, soy constructora, soy personal de mantenimiento, soy proveedora, soy administrativa, soy mediadora, soy psicóloga y soy mamá, a veces, un poco mamá.
Cuando la gente explica a qué me dedico, la frase resumida suele ser que cuido tortugas, aunque, como ves, no es del todo así. Lo que sí está claro es que todas y cada una de las cosas a la que me dedico aquí, son por y para las tortugas.
Mi trabajo se convirtió en mi propósito de vida, ¿o tal vez fue al revés? Las tortugas dieron rumbo y sentido a mi vida. Así que cada vez que oigo a alguien decir que cuido tortugas, yo más bien diría que las tortugas me cuidan a mí.
Absolutamente todo vale la pena cada vez que veo una tortuga poner sus huevos con éxito, cada vez que veo cientos de crías correr hacia el mar, cada vez que veo la cara de las personas que, por primera vez, ven crías de tortuga, cada vez que acompaño a alguien en su primera patrulla y tenemos la suerte de coincidir con una tortuga, cada vez que alguien, aun sin conocerme de nada, me da las gracias por mi trabajo…
Durante toda mi vida me han dicho que estoy obsesionada con las tortugas. Y, aunque yo no lo llamaría obsesión, una cosa es cierta, y es que no hay día que no piense en ellas.
Y es que, en realidad, yo diría que mi trabajo consiste en transmitir todo este amor, pasión y admiración que siento por estos animales tan importantes, mágicos, y, lastimosamente, en peligro de extinción.

